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Archivar para el mes “abril, 2012”

19 Abril 2012 Yo iba en uno de esos trenes


Como mencioné anteriormente, yo iba en uno de los trenes de la “disruption” del 19 de Abril en Londres. Los noticieros no se hicieron eco, pero gran cantidad de gente vio afectados sus viajes, incluyendo estudiantes y trabajadores. En mi vagón iban personas que llegado cierto punto, no podían garantizar a sus jefes que fuesen a llegar al trabajo en algún momento, aunque en general, la gente estaba volviendo a casa. El ser humano necesita tener un control de su vida, y no saber nada, es lo que más nos inquieta en una sitiación crítica. Empiezas con una llamada para avisar de que el tren se ha parado, que quizá llegues con retraso, y terminas recibiendo llamadas cada quince minutos para ver si ya sabes algo al respecto. [Esto de las llamadas, la gente normal… yo no].

Algo que no mencioné fue el extraño estado de inutilidad que había adoptado mi Kindle. Mientras hacía tiempo en la Ecovillage en el Science Park de Kent, el Kindle se atragantó. Iba a pasar la página y… no se puede. Intenté reiniciarlo, pero se quedó con la lucecita verde encendida y atascado en la página, ni se apagaba ni funcionaba. Así que todo ese rato que pude haber invertido en leer, lo tuve que dedicar a pasmotear, incluidas las 3 horas extra de viaje…

Me subí al tren a las 17:30, hora en la que el rayo desgraciado cae donde no debe (según algunas fuentes, otras dicen que fue a las 18:.00)

Y tuvimos una primera parada en alguna de las estaciones intermedias, pero próxima a Victoria, mi primer destino. En la segunda parada, más larga que la primera, vimos irse al tren vecino, que al darle salida a ellos, nos dieron ánimos a nosotros… pero nuestro turno no llegaba nunca… y cuando llegó, no fue definitivo, nos detuvieron otra vez en la siguiente estación.

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¡¡Nos vamos!!. Introducción


¡¡Nos vamos!! es el título de una saga vivencial. La mía propia. La aventura de planificar una emigración cuando procedes de una familia humilde que no puede facilitarte el camino.

El proceso fue previamente redactado para mantener al día a la familia. Lo recogeré tal cual o no, tal vez haga algún retoque.

Durante todo el proceso experimentamos la sensación cotidiana -demasiado a mi parecer- de pérdida de tiempo, de estar perdido, de que te toman el pelo, de caos, de decepción… que puedo resumir con una reflexión que ya hice entonces:

¿Por qué la burocracia es tan amiga de hacernos sentir asfixiados? Con esa asfixia tipo asmático acompañada por el estertor de las impresoras, la tos de los cajones archivadores que se abren y se cierran, la fiebre de las cafeteras rezumando ardientes condensaciones… Con ese papeleo leeeento y agónico que jamás se extingue. Es como una brasa incandescente en un día de brisa suficiente: parece que se ha apagado y de pronto ya se ha ruborizado otra vez, sobreviviendo a cada instante y sin terminar nunca de apagarse, no del todo…

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Ya en 2009 carecía del derecho a asistencia sanitaria. No es nuevo.


Recientemente encuentro menciones respecto a la reforma sanitaria que, según parece, nos deja en la estacada, más tirado cuantos menos recursos tengas. Por mi parte, conocí la experiencia antes de la reforma. El nuevo problema no es perder un derecho que nos parecía constitucional si no humano -algunos ya carecíamos de él, sin saberlo-. Obviando la cuestión del copago, el nuevo problema creo yo que es los detalles, la aplicación de la restricción de ese derecho a recibir asistencia sanitaria y para todos por igual. Algunos no lo teníamos, y sin embargo éramos atendidos y recetados igualmente. Disfrutábamos efectivamente de un derecho del que carecíamos, por eso es difícil que uno sepa que no tiene el dicho derecho. La efectividad del no derecho es nueva, entonces. Teníamos tarjetas sanitarias que nos garantizaban asistencia, pero no nos las estaba dando el Estado, sino las CC.AA. Una forma de encriptar el problema, que estalla ahora con toda nitidez y que, además de caminar desnudo, crece y se enriquece sin tomarse la molestia de esconderse tras código alguno. La falta de un derecho que apreciamos como imprescindible, nos escandaliza porque es demasiado grave. Es un paso importante en el camino hacia atrás, el de la negación de derechos que, según fuimos educados en esta nuestra sociedad igualitaria, entendemos como vitales, imprescindibles y/o innegables. Y sorprendentemente, se pueden negar. Otra vez.

En resumen, digo que yo (y los demás no sé qué tenían o qué no) carecía del derecho a asistencia sanitaria, pero sí la disfrutaba, es más, en el caso de Galicia, carecía del derecho de asistencia sanitaria en España, pero lo tenía en Galicia. Así de extraño, contradictorio y absurdo.

¿Qué opino al respecto? Que es andar hacia atrás. No se puede tener semejante cantidad de parados, semejante cantidad de familias al borde de la sintechidad, y plantearse el copago en algo tan básico como la sanidad.

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Día de entrevista que jamás olvidaré… o sí.


No era Martes ni Viernes, y tampoco era 13. Era Jueves, 19 de Abril, y ni siquiera de 2013.

Me habían contactado vía email para una entrevista ese día en el condado de Kent. En su Parque Científico, aislado de la civilización por una “carretera” muy al estilo gallego, que se llaman así porque en la receta llevan asfalto, mientras que los “caminos” son más naturales.

Así que allá me fui. Hice uso de mi primer ticket “plusbus”, al que puedes optar al reservar tus billetes de tren, para llegar a la estación, donde vi que tenía que acelerar el ritmo si no quería perder el primer tren. Luego descurbí que el reloj digital que tienen en el panel de salidas y llegadas, estaba adelantado. Sí, es ese reloj que cuando vas con el tiempo justo parece un contador de amenazas, una por segundo.

Llegué a Victoria y cogí el siguiente tren sin incidencias, llegando a Sittingbourne como estaba previsto, con tiempo y relajada.

Después de recuperarme de las ganas de mear y de, al fin, haber encontrado un sitio donde tomar un café, me llegó la hora de mover el culo otra vez. Me acerqué a la parada del bus más razonable y pregunté si ese era el sentido de circulación correcto para viajar hacia el Science Park. Que seguramente sí, me dicen, llenos de dudas. Pido más opiniones…

-Excuse me… -individua que me ignora. No, no voy a dejarla escapar – Please, do you live here?

-No. -Así de rotundo. Sin más. Esto en UK es casi como “-hola, ¿qué tal? / -Que te follen”. Se arrepintió, se dio la vuelta y me preguntó que qué quería. Y sí, la amable mujer también suponía que esa era la parada correcta, pero no lo sabía.

Es difícil pensar en alguna razón que explique porqué las gentes de un sitio tan pequeño no tienen ni idea de donde para el bus, pero si ocurre, es porque las hay.

Me planto en la parada y llega mi bus, con ligero adelanto, según mi humilde, y erróneo, entender. Descarga un montón de ancianos, y cuando voy a subirme, toda llena de razón, me dice que está fuera de servicio. ¿Ein? Me inclino para revisar el panel lateral, si acabo de ver que tiene todas las indicaciones normales… ah, sí, ahora ya está fuera de servicio, ya veo…

Le pregunto por mi bus, que tenía que llegar en escasos minutos; me dice que ese es sí mismo y que ha terminado la ruta. Insisto. Me dice que en ese caso tiene que ser en la otra parada. ¿Qué otra parada? ¿hay más paradas? Sí, al otro lado de la manzana, que no de la calle; no era cuestión de cruzar. Me empiezo a desesperar. El bus tiene que llegar en cuestión de minutos, si es que no estamos ya en la amenaza de los segundos, y no tengo pajotera idea de dónde está la parada. El siguiente bus que me puede dejar en el Parque llegaría en tres horas y media, no tengo tanto tiempo. De alguna manera, el hombre se da cuenta de que muy probablemente uno de los buses parados delante de la estación de trenes sea el mío y me dice: ve corriendo a preguntarles a esos, que tienen que ser los que buscas.

Y así hice, y el semáforo se puso en rojo para mí, pero como el señor conductor era comprensivo, retuvo el tráfico unos segundos para que yo pudiese cruzar.

Al otro lado de la calle, se me escapan dos autobuses. Voy a la ventana del conductor toda apurada, mierda, que es por el otro lado, que no aprendemos. El tío está sentado en un asiento cualquiera y de palique con otro señor. Knock-Knock en el cristal de la ventana. El tío se vuelve, pero ahí está todo cerrado, vocalizo con mi super inglix para pedirle que me deje preguntarle. Abre la puerta para atenderme, y tenemos otra vez el lío. Encima lo tenemos consultando con el otro señor en plan “no, yo no voy a… ¿tengo que ir a Bredgar? No, ¿verdad?”.

No me gusta. No me gusta que nadie sepa nada. Al final, nos entendimos y sí que eran, así que me hicieron subir, pagar más de lo que me cuesta cualquier bus en Brighton, y allá nos fuimos, a la parada famosa que yo no sabía dónde estaba. Creo que hice un cacho de viaje que no era para pasajeros. Leer más…

La compra y las bolsas de la compra.


Acabo de volver del ASDA. Fui como cualquier día, a hacer una compra pequeña, básicamente el pan… y voví con una compra pequeña, pero traje más que pan. Es el efecto ASDA. Pero no era de eso de lo que iba a hablar.

Cuando llegué a la caja, me atendió un señor que yo ya había visto allí, pero no sé si me había atendido previamente. Fue una experiencia extraña, porque si bien no me preguntó si necesitaba bolsas o si estaba agusto empaquetando mis cosas, tuvo la diligencia de observar que me venía bien una bolsa, y la gentileza de meter mis congelados en otra antes de hacémelos llegar. Estas acciones que parecen de lo más normales, no lo son.

En España ni se interesan por tu existencia ni les preocupa si ya has retirado tus artículos. Sacan las bolsas al mogollón y las dejan por ahí, a la mano de cualquiera. Y empiezan a pasar los artículos del siguiente cliente cuando el anterior aún está acabando de pagar. Aquí no. Eso requiere muchas habilidades que no se le pueden pedir a alguien de esta categoría profesional, que si las tiene es genial, pero no se les pueden pedir. Entonces, están obligados a respetar el tiempo del cliente. En unos sitios más que en otros. Me estoy acordando de una de mis amigas del Lidl, que vaya arte que tiene lanzando los separadores de la cinta transportadora, a veces es un riesgo físico para los clientes.

Respecto a lo de que el señor cajero del ASDA no me preguntó si estaba agusto empaquetando mis cosas, estrictamente se está saltando el protocolo. A mí me la refanfinfla, es más, a veces llega a ser absurdo. Con la mochila dispuesta para empezar a meter cosas, y no más de 4 ó 5 bultos que caben de sobra aún por más mal que uno calcule el espacio, y el cajero de turno te dice que si necesitas bolsas.

Lo de si necesito ayuda para meter las cosas, vale, pudiera ser. ¿Pero bolsas? Lo de las bolsas dímelo si no he sacado la mochila y no sabes que la traigo para eso, dímelo si tengo un montón de cosas y no tienes claro que me vayan a caber o si serán demasiado peso para llevarlas todas juntas en el mismo saco, dímelo si hay algo que pueda pringar, chorrear o contagiar… no sé. Pero claro, es el protocolo, o política de la empresa. Así que ellos te preguntan. Que si quieres bolsas, te dicen. Y lo preguntan incluso cuando llevas un carro lleno y ninguna otra bolsa en las manos, cuando es obvio que ¡Joder! ¡Claro que quiero! Vale, aún así entendemos que te pregunten, porque si son avispados, esa es la ocasión para referirse a las bolsas de pago, y no a las gratuitas. Y entonces te dicen que si te apañas con el packing. Sí, me apaño, pero cierto es que podía ser que no.

Pues este señor no preguntó, así que se portó mal. ¡Pero estaba atento! Cuando vio que yo cogía las barras de pan, que las partía en dos y las ponía a un lado, sacó una bolsica y me la plantó allí encima con una sonrisa y sugirió que igual me hacía falta. Sí, me vino bien. Y al cabo, me mete, sin protocolos ni rituales, los congelados en otra bolsica. Qué calidad de atención, sin dar la vara y haciendo todo lo necesario. Que me pongan medio montón de señores de estos, y que me quiten a las cotorras, que preguntan por inercia, y ni se dan cuenta de si respondes o no; si es que no se tiran el rato de palique y, al final, ni te atienden a ti ni terminan con el que tienes delante.

Después de pagar, me dio una ficha verde. Y esto sí que ya era una cosa muy rara.

Resulta que están haciendo una campaña de Charities que a mí me parece una competición. Por cada compra que haces, te dan una ficha y tienes que meterla en la urna de una Charity, a elegir entre tres. Todas de ayudas a niños de una u otra forma. No sé de qué va cada una, puse mi ficha en la urna de la Charity que se tomaba más molestias en informarme, osea, la que tenía más texto en el cartelito… la que tenía algún texo más que “¡¡Nosotros!!” y “¡Que vivan estas criaturas!“.

No me detuve a mirarlas más, porque no iba a conseguir más información. Al llegar a casa traté de buscar algo respecto a esta campaña de no sé bien qué y no la hallé, así que no acabo de ver de qué va el asunto.

Puede ser una manera de crear un hábito en la gente, o el modo en que los clientes de ASDA decidirán a quién hará ASDA el próximo donativo, o cuál va a ser la Charity estrella en el centro comercial en la campaña de primavera, o la de verano.

Sea como sea, me gusta que me pregunten, pero no acabo de ver claro lo de no tener a nadie para explicarme el asunto.

Estreno blog


Mentiría si dijese que este es mi primer blog, incluso si matizase que es mi primer blog propio.

En su momento, y antes de la magia de las redes sociales, traté de conseguir un blog familiar donde mi dispersa familia pudiese mantenerse en contacto fácilmente, y así mismo, otro para facilitar la comunicación entre las amigas a las que ya no podía ver asiduamente. Mi dispersa familia no mostró interés alguno en dar uso a la herramienta. Mis amigas, en cambio, reaccionaron de maneras diversas: unas no se interesaron en absoluto; otras estaban abiertas a participar con comentarios, pero no a crear entradas; y una en particular, pretendió subirse al carro con todas sus consecuencias, pero tras unas cuantas torpezas informáticas, desistió pensando que eso no era para ella. A día de hoy, le resultaría mucho más fácil compartir conmigo un blog.

Así me vi con dos blogs que a nadie le importaban. Para escribir yo sola, ya tenía “el otro”, el que MiTH había decidido compartir conmigo… o dejarse contaminar, según se mire. Lo había creado para sí antes de que nuestros caminos se cruzasen, y al notar mi necesidad de verborrear, decidió darme privilegios para que yo también participase de él.

Muchas veces me preguntaron que porqué no tenía mi propio blog. Bueno, no veía problema alguno en compartirlo con MiTH, ¿acaso iba yo a ser constante en un blog propio? La ventaja de compartirlo es que siempre hay alguien que actualiza.

El viejo blog se quedó en un disco duro residente en Ávila, mientras que  nosotros dejamos España y nos asentamos en Reino Unido. Para la ocasión, MiTH creó un nuevo blog, compartido conmigo y con Adema, que se mudaba al mismo tiempo que nosotros. Este blog pretendía servir de ayuda a otros Spaniards que aterrizasen en otros países, particularmente en Reino Unido, que, al ser nuestro caso, conoceríamos mejor. Dado que no hemos trabajado en ello como es preciso si se quiere un blog consejero, dediqué unas líneas a mis impresiones de tales o cuales cosas, y finalmente de cualquier acontecimiento de mi entorno. Nunca me encontré del todo cómoda, porque sentía que con esas anécdotas se desvirtuaba la razón original de la existencia del dicho blog.

Hoy, me rehago por fin, sin temor a crear discrepancias que dañen la continuidad de un blog que, o no es mío, o tiene información que puede interesar a quien abandona su Mundohogar. Hoy, me presento una vez más al blogverso, pero esta vez, y quizá sin pelos en la tecla, amenazo con arrojar aún más morralla -dejo la chicha para “los que saben”-.

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