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La compra y las bolsas de la compra.


Acabo de volver del ASDA. Fui como cualquier día, a hacer una compra pequeña, básicamente el pan… y voví con una compra pequeña, pero traje más que pan. Es el efecto ASDA. Pero no era de eso de lo que iba a hablar.

Cuando llegué a la caja, me atendió un señor que yo ya había visto allí, pero no sé si me había atendido previamente. Fue una experiencia extraña, porque si bien no me preguntó si necesitaba bolsas o si estaba agusto empaquetando mis cosas, tuvo la diligencia de observar que me venía bien una bolsa, y la gentileza de meter mis congelados en otra antes de hacémelos llegar. Estas acciones que parecen de lo más normales, no lo son.

En España ni se interesan por tu existencia ni les preocupa si ya has retirado tus artículos. Sacan las bolsas al mogollón y las dejan por ahí, a la mano de cualquiera. Y empiezan a pasar los artículos del siguiente cliente cuando el anterior aún está acabando de pagar. Aquí no. Eso requiere muchas habilidades que no se le pueden pedir a alguien de esta categoría profesional, que si las tiene es genial, pero no se les pueden pedir. Entonces, están obligados a respetar el tiempo del cliente. En unos sitios más que en otros. Me estoy acordando de una de mis amigas del Lidl, que vaya arte que tiene lanzando los separadores de la cinta transportadora, a veces es un riesgo físico para los clientes.

Respecto a lo de que el señor cajero del ASDA no me preguntó si estaba agusto empaquetando mis cosas, estrictamente se está saltando el protocolo. A mí me la refanfinfla, es más, a veces llega a ser absurdo. Con la mochila dispuesta para empezar a meter cosas, y no más de 4 ó 5 bultos que caben de sobra aún por más mal que uno calcule el espacio, y el cajero de turno te dice que si necesitas bolsas.

Lo de si necesito ayuda para meter las cosas, vale, pudiera ser. ¿Pero bolsas? Lo de las bolsas dímelo si no he sacado la mochila y no sabes que la traigo para eso, dímelo si tengo un montón de cosas y no tienes claro que me vayan a caber o si serán demasiado peso para llevarlas todas juntas en el mismo saco, dímelo si hay algo que pueda pringar, chorrear o contagiar… no sé. Pero claro, es el protocolo, o política de la empresa. Así que ellos te preguntan. Que si quieres bolsas, te dicen. Y lo preguntan incluso cuando llevas un carro lleno y ninguna otra bolsa en las manos, cuando es obvio que ¡Joder! ¡Claro que quiero! Vale, aún así entendemos que te pregunten, porque si son avispados, esa es la ocasión para referirse a las bolsas de pago, y no a las gratuitas. Y entonces te dicen que si te apañas con el packing. Sí, me apaño, pero cierto es que podía ser que no.

Pues este señor no preguntó, así que se portó mal. ¡Pero estaba atento! Cuando vio que yo cogía las barras de pan, que las partía en dos y las ponía a un lado, sacó una bolsica y me la plantó allí encima con una sonrisa y sugirió que igual me hacía falta. Sí, me vino bien. Y al cabo, me mete, sin protocolos ni rituales, los congelados en otra bolsica. Qué calidad de atención, sin dar la vara y haciendo todo lo necesario. Que me pongan medio montón de señores de estos, y que me quiten a las cotorras, que preguntan por inercia, y ni se dan cuenta de si respondes o no; si es que no se tiran el rato de palique y, al final, ni te atienden a ti ni terminan con el que tienes delante.

Después de pagar, me dio una ficha verde. Y esto sí que ya era una cosa muy rara.

Resulta que están haciendo una campaña de Charities que a mí me parece una competición. Por cada compra que haces, te dan una ficha y tienes que meterla en la urna de una Charity, a elegir entre tres. Todas de ayudas a niños de una u otra forma. No sé de qué va cada una, puse mi ficha en la urna de la Charity que se tomaba más molestias en informarme, osea, la que tenía más texto en el cartelito… la que tenía algún texo más que “¡¡Nosotros!!” y “¡Que vivan estas criaturas!“.

No me detuve a mirarlas más, porque no iba a conseguir más información. Al llegar a casa traté de buscar algo respecto a esta campaña de no sé bien qué y no la hallé, así que no acabo de ver de qué va el asunto.

Puede ser una manera de crear un hábito en la gente, o el modo en que los clientes de ASDA decidirán a quién hará ASDA el próximo donativo, o cuál va a ser la Charity estrella en el centro comercial en la campaña de primavera, o la de verano.

Sea como sea, me gusta que me pregunten, pero no acabo de ver claro lo de no tener a nadie para explicarme el asunto.

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4 pensamientos en “La compra y las bolsas de la compra.

  1. Salus en dijo:

    Me alegra ver que te gustó el trato, pero no hace falta irse al guayominí para eso. En el Carrefour de San Vicente (Alicante), hay fichas verdes para acciones sociales y asistenciales, y en el mercadona las muchachas de la caja te ayudan a empaquetarlo todo, al menos a mí, que aún no doy (espero) la imagen de tipo incapacitado. No creo que sea cosa de aquí o de allá, o que lo hagan sólo porque lo diga o no el protocolo… es de gente amable y gente miserable. Y, de momento, los primeros son más que los segundos, aunque hagan menos ruido y nos llame la atención cuando los vemos. Por cierto, me gusta leerte 🙂

    • kiraya en dijo:

      ¿Sí? ¿Y cómo funciona eso de las fichas? Había algunas rojas también, no todo era verde.

      Estas cosas dichas así son siempre generalizaciones y las generalizaciones no hacen norma, o no necesariamente. Sí, claro que primeramente depende de la persona que te atiende… y del cliente, que no es lo mismo atender a uno que viene bufando que atender a uno calmoso y sonriente que, en lugar de escupirte, te guiña un ojo cómplice cuando haces alguna estupidez de principiante.

      La gran diferencia que yo noto entre aquí y allá, es que parece que aquí ofrecen la ayudan sin imponerla como “lo normal”. Todo es “haz lo que quieras y como quieras”, pero lo que uno quiera va siempre detrás del respeto. Respeto tu respeto por el medio ambiente, así que no te meto todo en bolsas y a correr, te pregunto si las quieres. A veces es absurdo, porque vas con una compra enorme y no llevas bolsa alguna, ¿pero quién es el cajero para decidir sobre tus costumbres? Si el cajero se toma confianzas, agarra un puñado de bolsas y te dice algo como “sí que vas a querer bolsas, ¿verdad?”.
      También te pregunto si quieres la ayuda antes de meter mis manos en tus artículos (aunque ya han sido toqueteados un millón de millones de veces, pero eso fue cuando aún no eran tuyos).

      Mi experiencia en España es distinta. En los sitios donde te dan las bolsas y te meten los artículos en ellas, no te preguntan ni si quieres bolsas ni si te ayudan a meter dentro los artículos, particularmente cuando hay cola, que es todo correr y cuatro manos dan para más de lo que dan dos. Tuve en España la experiencia de preguntarme en lugar de dar por sentado, pero anecdóticamente. Creo que fue en un Mercadona de Salmanca, y quizá en El Árbol en Zamora.
      En los sitios donde se ahorran en bolsas, parece ser una cuestión más económica que de verdelogía, y coinciden (salvo excepciones) con sitios donde los trabajadores están bastante quemados. El queme del Lidl España y el queme del Ldl U.K. seguramente son distintos.

      A mí me gusta encontrar gusanos en mi casa 🙂

  2. Salus en dijo:

    No se puede explicar mejor. Bueno, no sé si se puede, pero me parece bien expuesto. La verdad es que los “del sur” tenemos la fama de tranquilotes, pero no es así. Andamos mucho más estresados. Todo son prisas. En las colas, en el tráfico, y por extensión creo que en la vida. Leyéndote, te doy la razón; creo que las (pocas) veces que he estado en el Reino Unido mi experiencia en los supermercados es más “quiet” que en los de casa. Aunque claro, yo estaba de vacaciones y mi ritmo también era otro. Por cierto, un día alguien tendría que analizar el número de veces que la gente aprieta y estruja las cosas en las estanterías antes de decidir no llevárselas. Especialmente las barras de pan y la fruta. Descubriríamos cifras que no sabemos que existen.

    Lo de las fichas dependía del gato que hubieras hecho. Creo que por cada 10 euros te daban una ficha, y elegías en cuál de las tres urnas las ponías. Una era para algo medioambiental (repoblaciones, creo), otra para ayuda a niños con discapacidad y una tercera para otra obra “social” (compra de material para algo, no recuerdo bien). Los clientes “votaban” con las fichas y (supuestamente) el centro comercial se comprometía a desarrollar la acción más votada cuando la urna (de tamaño considerable, todo sea dicho) se llenara por completo.

    No sé si era verdad, o una estrategia de venta a través de la fibra solidaria del personal. En este mundo de cambalache (ya lo cantaba Alberto Cortez), donde todo se compra y se vende, hasta el sufrimiento humano (sobre todo el sufrimiento humano) es motivo de negocio.

    Me prodigo poco, pero los gusanos solemos colarnos donde nadie nos espera. Y guiñamos un ojo a las amigas. 😉

    • kiraya en dijo:

      Gracias por las explicaciones.
      Y se me pasa por la cabeza “El explicado“, de Les Luthiers.
      Si casi es mejor que yo no piense, que se me ocurren cosas. A veces hasta canturreo y me río sola…

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