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Enero 2013 – parte III “No se puede juzgar a alguien por un rato de burocracia compartida”


Anteriormente nos quedamos sin saber qué se hace cuando el sábado a última hora acudes a la biblioteca a “arreglar” tus papeles, y te encuentras con que le debes unas correcciones a tu tutora de Business and Administration… para el día siguiente.

Pues nada, te vas a casa corriendo, corriges el asunto, Andrea te invita amablemente a un cafelito, usas su conexión, te pones de palique, Lee te trae un cubata, piensas que ya está bien de abusar de los vecinos, y como ni Andrea ni tú habláis mucho, aparece MiTH en la puerta a las tantas…

Y ya está. Así de fácil.

Gracias a Lee y Andrea, pude entregar mis deberes a tiempo.

Y llegó el lunes.

[El tono con que se ha de leer este “y llegó el lunes”, es solo apto para @Celebdel, que para eso lo inventó: el enérgico y determinante “y llegaréis” de aquellos míticos momentos en que resucitaba tras un sueñecito en el que él seguía dirigiéndonos la partida de rol, mientras los demás le dábamos vueltas a la situación del momento… anterior. Alguna vez intentamos aprovechar su estado sonámbulo para gorronerale información, magia o habilidades, pero si alguna vez colaba, aquello terminaba muy mal: timar al máster no es bueno. El caso es que se dormía, y cuando se despertaba, en su cabeza -y solo en su cabeza- se había resuelto el combate pendiente, habíamos tomado ya la decisión de cómo continuar, …”y llegaréis”].

El lunes me recibió con una lluvia ligera y un billete de 5 libras a la puerta del New Bush -que yo, con altruismo y abnegación, adopté de buena fe-. Me acerqué a la post office para comprar los sobres A4 que necesitaba para enviar los papelotes. Por desgracia, no había posibilidad de comprarlos independientemente, así que me tuve que hacer con un paquete de 25, y fue de este modo como encontré un nuevo hogar para aquel billete recién llegado, que como no se había acostumbrado al calor de mi monedero, tampoco lo echaría de menos.

A continuación, bus a la estación, tren y ¡Victoria!

Llegamos al consulado, lloviendo y con cola. Para que lo sepáis, la cola se hace en la calle hasta que el guardia civil de la puerta te da permiso para entrar. Entonces pasas la seguridad y ¡ya estás en territorio español!

– ¿Entregar papeles para beca? -pregunto en secretaría/recepción

-Arriba en la tercera planta, según sales del […] y preguntas por…

-Tengo que compulsar -le interrumpo sabiendo que “legalizaciones” está abajo. [<- este fue el gran error]

-Ah, entonces aquí abajo, en legalizaciones.

Me integro entre los esperadores. Un esperador recién llegado me pregunta no me acuerdo qué, le digo que no sé pero que supongo que… Me dice que pensó que yo sabía. Me quedo con cara de… bueno, no sé qué cara puse, pero pensé que está bien esto de pensar que los demás saben, así mágicamente. Le digo que quizá debería preguntar arriba, en secretaría y me dice que sí, que preguntó “y me dijeron que la siguiera a usted”. Ah, estupendo.

Nos pusimos de palique y yo ya había pasado por sus papeles, así que pude comentarle un par de cosas. Alabó la comida de España, llegamos a la conclusión de que hay una parte de hábito que también influye en nuestro criterio gastronómico, y que de todos modos, la comida inglesa es una mierda porque en Alemania se come bien, muy distinto que en España, pero bien.

La chica de legalizaciones, que había ido al baño “oficialmente” y que las murmuraciones de los esperadores apuntaban más bien al cafelito, apareció y empezó a atendernos. Dejé pasar al hombre este, que solo tenía una consulta y un papel, mientras que yo llevaba encima toda una vida de certificados.

La chica de legalizaciones no era la sustituta de la otra vez. No. Era otra. No era la que se ofendió por decirle alegremente que qué bien que no había hecho aquello nunca, que así aprendía algo nuevo. No era esa. No era la que pretendía cobrarnos por la firma electrónica. No era la que anunciaba que sabía muchísimo, probablemente de los que más sabían en todo el consulado; pero no sabía que no tenía que cobrarnos por ese servicio, que todo el papeleo era al momento y se hacía efectiva en como mucho tres días; ella calculaba que como poco dos semanas y que podía tardar meses. A cosmos gracias no era esa, pero como tenía yo ya la experiencia previa, entré al cuartito con sonrisa por fuera y temblando por dentro.

¡Qué tan distinta esta experiencia!

Se produjeron varias llamadas de teléfono mientras la mujer intentaba sellar mis certificados. Alguna tan obvia, que hasta yo me enteraba de lo que pasaba, por ejemplo, la mujer de Coruña que necesitaba no sé qué y que no había mirado el emilio que la chica de legalizaciones le había mandado, donde se describía todo el proceso y los papeles que tenía que presentar, y que además tenía tres opciones, o bien presentarlos en el consulado, o bien llevarlos a la oficina correspondiente en Coruña, o en su caso, autorizar a alguien para hacerlo.

En lo que a mí se refiere, íbamos despacito, que con interrupciones no hay quien trabaje. Menos mal. Ya había desplegado todos mis papeles por la mesa.

Primer certificado:

Pero esto… esto es un título muy raro. Asiento con la cabeza. Ella le da vueltas al papelote. Esto… ¿qué es esto? Empiezo a explicarle. Pero, pero… ¿entonces esto te lo dan después de la carrera? No, mujer, esto no tiene nada que ver con la carrera, es más, no tiene que ver ni con Educación, va por Traballo, Trabajo, perdón. -le explico-.

Pero es que.. es… es… no tiene. Los títulos tienen que tener aquí…

La manera en que lo entendió fue cuando le dije algo así como: Intentamos generar certificados “de profesionalidad” que justifican o garantizan competencias, pero tanto teóricas como prácticas, conseguidas académicamente o a través de la experiencia. Y el resultado es esto. Yo creo que intentamos conseguir una certificación equivalente a las certificaciones europeas tipo NVQ. Pero… sin mucho éxito.

Le planta el sello a las copias, pero no está muy convencida.

Segundo certificado:

Le da la vuelta y me lo enseña con una sonrisilla (en ese sí que hay cosas escritas por detrás). Pues bueno, este es el certificado de asistencia correspondiente al certificado de profesionalidad de antes, que lo sepas.

Pues este son 2,45 -me dice. Bueno, no recuerdo la cantidad exacta.

-¿Cómo?

Que tiene dos lados, así que 2,45.

Sacudo la cabeza y creo que se nota que algo está fallando. Me explica los precios de las compulsas, pero yo sigo siendo una de esas personas idiotas que van allí sin saber a qué, así que a ella le sale la vena de “me cago en todo lo que se menea, ¿por qué cojones la gente no se informa antes de venir?”. Pone control sobre la vena, pero no le da tiempo de decir nada, yo me adelanto.

-Vamos a ver -suspiro- yo les pregunté online al respecto y a mí me dijeron que este servicio era gratuito.

A la mujer parece que le acaban de arrojar algo a los morros, ¿desde cuándo una compulsa es gratuita? La sola idea es inconcebible.

Pues… lo normal para cualquier compulsa es pagarla -me dice con calma, pero con cierta suspicacia. Creo que notó que yo lo tenía demasiado claro. Así que, en lugar de hacer como su sustituta y afirmar cosas que no son ciertas, inició un interrogatorio que nos condujo a otra llamada de teléfono, pero esta vez era ella quién la iniciaba.

-Luis, mira, que tengo aquí una chica, gallega también,

Oiga, qué pasa con los gallegos, eh, a ver si me van a estar discriminando y yo sin denunciar.

-que dice que

Que digo que, no que tengo, ni hago, ni pongo; que yo solo lo digo y lo demás ya se verá. Bien. A ver si aprende el resto de la humanidad.

-nos envió un email para preguntar por las compulsas y que le respondimos que eran gratuitas por ser para una beca. Y dice que cree

Que creo, no que firmo y reafirmo y juro por mis muelas, sus muertos y los dioses,  o que pongo la mano en el fuego. Que creo. Cuántas discusiones absurdas se habrían ahorrado en mi vida si todo el mundo tuviese esa capacidad para 1º escuchar la parte esa en la que uno manifiesta que no está seguro, 2º discernir entre afirmar algo y aventurar una posibilidad.

El caso es que “si me hubieras dicho que era para una beca”, “es que lo dije arriba”, “es que arriba tampoco tienen por qué saberlo”… y el tono adecuado, no me incitó a decir que es que arriba tampoco me dijeron que lo dijese. Todo una confusión, sin culpa de nadie. Ni dedos acusadores para mí (y eso que llevo mucha culpa por dar información extra cuando no debía), ni dedos acusadores entre ellos. Muy profesional. Y eficiente también: a error cometido, solución al canto.

Con la fama que tenía el consulado en Londres… que en otros entornos secretariles me dieron hasta condolencias por tener que “lidiar” con ellos. Me desearon mucha suerte y me recomendaron informarme bien antes de ir, armarme de paciencia y estar lista para cualquier cosa.

Pues no. La que responde a ese perfil es la sustituta de la chica de legalizaciones. Esa es la que da miedo.

Al fin, en la tercera planta, con el Secretario del Cónsul Adjunto, que en realidad no es un cónsul, es una.

Ya me tenía fascinada porque había hecho algo que hacía tiempo que no ocurría: recibió un correo mío con pregunta y el tío va y me responde. Quiero decir que responde a mi pregunta, no que responde lo que le apetece y se queda tan ancho (que sería lo normal, por desgracia). Así que yo ya medio enamorada porque:

1º Sabe leer. Esto es una cosa que habitualmente se obvia, pero que no deberíamos obviar tanto. Es sorprendente la cantidad de gente que no sabe leer. Y si tenéis dudas al respecto, preguntadle a @Megachix, que aún se acuerda muy bien de cuando ella misma no sabía, y ahora que sí sabe, se sorprende de las barbaridades lectoras que se cometen.

2º Sabe escribir. Esto es quizá más obvio que quepa destacarlo. Salvo el frecuente uso de una coma al estilo inglés para poner fin al encabezado -y que, coño, en su caso es bastante comprensible- el tío escribe correctamente. Uno podría pensar que para tener un puesto semejante, qué menos que saber escribir, pero… yo no me atrevo a suponer tanto, y menos visto todo lo que he visto.

3º Sabe dirigirse a los ciudadanos, al menos individualmente. No soy nada amiga de las formas de cortesía del español, el usted y el ustedes. Además, creo que la tendencia de los hablantes es, de hecho, a obviarlas. Su uso es cada vez más escaso -salvo, obviamente, hablantes que utilizan estas fórmulas de forma equivalente al tú y al vosotros-. Si por mí fuera, serían abolidas. Si acaso mantendría un uso despectivo que marcase más distancia que respeto, como “es usted una mierda y no merece vivir”; son cosas que no se pueden decir “de tú”. Pues bien, no soy amiga de estas formas de cortesía, pero de momento son lo que hay, y es la manera correcta de dirigirse a un ciudadano para cuyo servicio estás tú ahí. Así que, a pesar de mis tuteos, él me trata de usted, porque es la forma correcta de hacerlo y porque está a mi servicio.

4º Sabe resolver. Le envío una pregunta, me responde a la pregunta. No me cuenta lo que le parece a él que debería ser, ni lo que era hace 4 años, ni la tendencia futura, ni como sería si yo fuese hawaiana. No, no, el tío responde a mi pregunta. Esto, para los que preguntamos cosas que queremos saber, es toda una rareza. Lo habitual, al menos en mi caso, es tener que formular a continuación toda una batería de preguntas para poder llegar a la respuesta que buscas. Es complicado, porque tienes que determinar tú qué es lo que no están entendiendo (o si es solamente que no les da la gana de atenderte), pero tú no tienes las herramientas: estás pidiendo información, justamente porque no la tienes.

Por ejemplo, con el OAPEE, ¿puedo optar a la beca si quiero como destino el país en que ya resido? Si estás empadronada en España, no pasa nada. Bien, entonces “Estando empadronada en el consulado correspondiente a la región en la que resido, como es mi obligación civil, ¿puedo optar a la beca si quiero como destino el país en que ya resido? Se puede optar a la beca independientemente de que uno esté, por algún motivo, residiendo en otro país. Bien, señora, todavía no sé si sigue sin entender la pregunta, o si al fin la ha entendido y la respuesta es que sí.

¿Cómo respondería el Secretario blabla a esta pregunta? pues algo como “dado que las bases de la convocatoria no especifican nada acerca de la residencia actual de los aspirantes, sí, puede optar a la beca pidiendo como destino el país donde reside. Entiendo que usted reside actualmente en el extranjero, no en España, y entiendo que ha estudiado usted en España. Si este es el caso, debe presentar la solicitud y la documentación pertienente en el organismo competente en España o en cualquier registro oficial, como el del consulado“.

Es decir, me responde, matiza, y amplía la información. La otra señora no me responde, me lía y genera confusión.

Así que estaba yo tan fascinada por el Sr. Secretario este, que hasta lo anuncié en mi muro de FB, al estilo “¡¡El Secretario del Cónsul Adjunto sabe leer!!”.

A veces pienso que las cosas están realmente mal, cuando es motivo de alegría el hecho de que sepa leer alguien al servicio del pueblo y que ostenta algún tipo de cargo o asume unas ciertas responsabilidades. Que sepa leer debería ser la norma para cualquier ciudadano. Saber leer y saber escribir. Pero resulta que no lo es, y tampoco se les exigen estas habilidades a los que trabajan en “atención”. Se hacen oposciones a administrativo y auxiliar de admnistrativo que incluyen preguntas respecto a tener conocimiento de la existencia de palabros, pero no se les incluyen pruebas reales de comprensión lectora, exposición oral y composición escrita; sin embargo, atienden cartas, emails y llamadas de teléfono. Incongruente.

El Secretario del Cónsul Adjunto, que si fuésemos ingleses sería el SCA, no solo sabe leer y escribir, además parece paciente, tolerante y comprensivo. Y me cayó simpático. Nada que ver con la mayoría de gentuza que nos hace el papeleo, que parecen tan hastiados y aburridos que casi dan pena, y encima no resuelven. Aunque, claro, no se puede juzgar a alguien por unos minutos de lío papelístico compartido.

Ya son tres los amores de mi vida: Manuela Puedocontodo Ymás, de no sé exactamente qué servicio de la Seguridad Social; Borde Quete Cagas, de la facul; y el recientemente adquirido, Luis, secretario de la cónsul.

¡Feliz San Valentín, amores míos!

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Un pensamiento en “Enero 2013 – parte III “No se puede juzgar a alguien por un rato de burocracia compartida”

  1. Andrea en dijo:

    hahahaha que incongruente es el mundo cuando se busca una respuesta concreta… la jostia! besos wapa!! xx

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