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Una puerta se abre. Otra se cierra.


Salgo con mi ramo de flores, el calor de los abrazos, la emoción de los “we´ll miss you so much“, las postales llenas de cariño, agradecimiento y enhorabuenas; con mis £30 en tarjetas regalo, unas lágrimas secándose antes de caer, y el corazón encogido. Encogido porque dejo un voluntariado que me satisfacía enormemente. Encogido porque un full-time permanent en la fábrica es la renuncia a todo el esfuerzo académico de mi vida, ¿pero qué otra cosa hacer si cualquier licenciado, cualificado para enseñar en secundaria, con varios idiomas, certificados de profesionalidad, premiado por su dedicación como voluntario… solo sirve para limpiar váteres o para peón de fábrica? Me pregunto para qué sirven entonces todos los que no tuvieron opción, o no quisieron estudiar siquiera. Si ya no son ellos los peones, los camareros,  los limpiadores y todo este estrato laboral, ¿qué les queda?

Un desconocido que camina detrás de mí me comenta su asombro. El día estaba precioso cuando hace un par de horas, salía él de su casa; y mira cómo se ha puesto, ¡con lo precioso que estaba! aquel sol de verano, toda aquella claridad… Y al poco, mira para ahí. Nubes y más nubes. Nada más.

Yo miro al cielo en silencio. Es un cielo gris y apagado, una analogía de mi tristeza. Para colmo de la analogía, un sol escondido me hace daño en los ojos, como todo un pasado académico que no llega nunca a iluminar mi vida profesional.

Sorbo los mocos como un aspirador y asiento. Crazy weather, digo.

Para entonces el señor ya camina a mi lado, y me cuenta de cómo ha ido a hacer una visita al Martlets, de donde ambos acabamos de salir. Un sitio estupendo, me dice, maravilloso. “So much better now“, le digo yo pensando en las obras que nos tuvieron medio año hechos un laberinto. Él no habla de esto. Él no sabe de obras recién terminadas, como mi servicio. No se interesa en el aspecto del hospicio sino en su labor de cara a la comunidad. Él es familiar de un usuario y está encantado con el trato recibido. La comida fabulosa, me comenta, el personal muy profesional, el trato impecable. Te sientes como en casa y estás perfectamente atendido. They work really hard indeed, le digo yo, que lo sé porque pasé un año y pico experimentando el servicio, viendo enfermeras correr de aquí para allá y oyendo a los médicos consultar con su secretaria personal -mi jefa- para mejorar algún aspecto de la atención a este o a aquel pacientes. Ignorando mi implicación en el Martles, el hombre asiente con entusiasmo y me cuenta que hasta le ofrecieron algo de comer, y cómo él, sin duda, lo había rechazado: porque son una charity, explica, ¿cómo va uno a quitarle la comida a una charity si tiene en casa una nevera llena? Algo así no se siente bien, no. You feel you´re abusing, le digo. Y acierto. Y él, confirmando mi sentencia, insiste en lo mucho que se implica el personal, que sin ellos trabajando así de bien, aún más duro sería el cáncer. Esos, los que trabajan, y los pacientes, esos son los que tienen que comer, y no los de fuera.

Y esos, los que trabajan, son los que pagan la comida; pienso. Pero no le digo así. Le digo, en cambio, que yo trabajaba en la oficina como voluntaria, y que doy fe del trabajo que hay siempre. El hombre me mira casi con admiración, como cuando Chris -que resultó ser el supervisor del equipo de trabajo en el que me integro la semana que viene- me comentó de su cáncer y empezamos a hablar del equipo de cuidados paliativos, y le dije que yo conocía a las enfermeras porque estaba de voluntaria en la oficina de asistencia administrativa. Y eso lo haces gratis, claro, me decía Chris. Pero gratis gratis, que no cobras nada, ¿no? No, claro, ¿cómo iba a cobrar? Bueno, me cubren las dietas del viaje -y que vaya viaje, de dos horitas-.  Y, bueno, le contaba yo, a veces también me hacen regalitos. Cuando les saco de encima algún trabajo tedioso o me luzco con eficacia o se me ocurre alguna brillantez.

A veces tienen detalles conmigo. A veces, como ahora. Como ahora que me voy con mi ramo de flores, mis abrazos, mis cariños, mis regalos a elegir y las lágrimas secándoseme antes de caer.

2014-05-02 16.27.26

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