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Archivar para el mes “octubre, 2016”

Cita. En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann. Marcel Proust


Lo que a mí me parece mal en los periódicos es que soliciten todos los días nuestra atención para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos más que tres o cuatro veces en toda nuestra vida. En el momento en que rompemos febrilmente todas las mañanas la faja del periódico, las cosas debían cambiarse y aparecer en el periódico, yo no sé qué, los… pensamientos de Pascal, por ejemplo -y destacó esta palabra con un tono de énfasis irónico, para no parecer pedante-; y, en cambio, en esos tomos de cantos dorados que no abrimos más que cada diez años es donde debiéramos leer que la reina de Grecia ha salido para Cannes, o que la duquesa de León ha dado un baile de trajes»

Por el camino de Swann, primer libro de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust

A parte de los libros con cosas esenciales, que ya no me atrevo a decir que los leemos siquiera, muy de acuerdo. No solo ignoro quién vive con quién, cómo visten, dónde veranean, o si el color de su pelo es natural o no; también ignoro nombres, profesiones y hobbies de casi todas las “personalidades” que ocupan nuestras pantallas y las páginas de nuestros periódicos. No lo puedo evitar: no me importa. No me importaron nada de nada los famosos tomates de los calcetines de Rajoy -¿era Rajoy?-, o si a las hijas de Zapatero -espera, que tiene dos hijas- les iba el estilo gótico; pero tuve que saberlo, no hubo opción. Me vomitaron la goticidad y los tomates por todos los medios, y tuve que saberlo. Ahora bien, detalles más concretos sobre los programas de algunos partidos, de eso no me entero ni yendo a preguntarles a ellos (verdad verdadera. Muchas veces les envío correos electrónicos manifestando mis dudas y pidiendo respuestas, y no siempre obtengo respuesta alguna… raramente respuesta a mis preguntas… espera, ¿raramente? ¿ha ocurrido alguna vez que algún partido haya respondido a mis preguntas? hmmm… no sé… ¡Sí! ¡UPyD! Dijeron más o menos que “pasa palabra”, pero lo dijeron).

Sufro con las personas que no conciben que yo no sepa quién es “triunfito número 28” o “gran hermano número 35”, me hablan de ellos como de alguien a quien de hecho conozco, o conocen, y cuando manifiesto que ni sé quiénes son, ni me importa si se tiran pedos sordos o sonoros, da igual, porque es básico para la existencia saber que Fulano de Tal le tiró los tejos a Mengano de Cual, o que Citano denunció al otro por… ¡¡que-me-la-pela-joder-ya!! (así me siento por dentro). Por respeto a esas personas que viven la vida de sus famosillos pasionalmente -yo tampoco sé por qué respeto, supongo que por la parte de “personas”-, me limito a suspirar cuando necesito aliviarme un poco de la sarta de nombres y sucesos totalmente desconocidos y descontextualizados. Sonrío y asiento mecánicamente, a veces finjo interés acompañando un “¡no me digas!” y hasta alguna pregunta que construyo con cuatro palabras recogidas del reciente discurso. Discurso que, por otro lado, no entiendo. Es como si me hablasen otro idioma.

Aunque parezca mentira, no resulta fácil comprender las palabras “no sé quién es”. Suelen generar un “¡Sí” (que no, que te aseguro que no, pero si insistes, pues sí… vale). “Es la hermana del primo del vecino del anciano del gato que vivía al lado del sobrino de la señora que tenía un amigo que llevaba tirantes y conocía a la hermana del hijo de… blablablablabla… Pepito” Y Pepito es otro que tampoco sé quién es, pero la experiencia me dice que no es bueno manifestarlo, porque genera otra hora de relaciones humanas irrelevantes entre gente desconocida, y que va a parar a más gente desconocida y sus irrelevancias. Yo me suelto la melena con un “¡Ah! ¡Pepito! Sí, ese de [repito como un loro cuatro cosas y a veces me aventuro a lanzar alguna afirmación al azar… casi siempre acierto… o ni se enteran de que me lo he inventado]”, y parece que esto me sitúa más cerca de “pasamos a la vida real“… Ya lo de pasar a cosas que importan, es harina de otro costal.

Sería todo más sencillo si estas informaciones vacías no apareciesen en todas las pantallas, revistas y muchos periódicos. Al menos yo no sufriría tantos ataques gratuitos. Sí, son ataques. ¡Claro que son ataques!

No sé si seríamos más humanos, de seguro más conscientes. Pero no es el caso. Seguimos encontrando en los periódicos y en la tele un montón de información irrelevante sobre el catarro del bebé de la infanta, el modelito de Fulanito en el evento Tal, y hasta la marca de moreno de alguien que tuvo la desfachatez de ir a la playa y ponerse un bañador con corte diferente al anterior.

El debate relevante no es si Mengano llevaba o no un corte de pelo adecuado para pasear al perro, o si el perro llevaba o no medallón con el nombre; el debate relevante no es si Pablo ha leído a Kant o si Albert tiene alguna referencia en filosofía; el debate relevante es de otro tipo, plantea temas de interés común que nos afectan a todos, y nos ayudan a entender otros puntos de vista.

Pero nada, sigamos gritando en vez de hablar y practicando el consumo insalubre de información irrelevante y desinformación crítica.

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