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Yo y mis certificados


Imagina que trabajas en un departamento de RRHH.

Imagina que estás reclutando para un puesto de marihuanistas.

Imagina que te viene un polaco y te trae un título polaco que se llama a saber cómo, pero que en polaco tiene pinta de “papa pa“. Además, te planta un suplemento europeo en español para el título “viva la marihuana“, que en polaco suena como “akrusa tirozska“.

Probablemente tu primera impresión NO sea que te está tomando el pelo, para nada.

Ante esto, “siguiente” y punto.

Pero bueno, vamos a suponer que somos muy considerados y que pensamos que puede haber algún error. ¿Qué harías? Probablemente decirle que te está presentando un suplemento que no se corresponde con el título; o, dicho de otro modo, haces notar que te has dado cuenta de que “akrusa tirozska” no se parece en nada a “papa pa“. Ese es el momento en que el polaco saca un tochón oficial -en polaco, claro-, y te dice que es que este título es equivalente al otro, que lo dice en el tocho, mira, mira, que no tengo prisa.

Si eres muy paciente, igual aguantas lo suficiente para que el polaco llegue a señalarte una de las páginas del tochón, donde puedes ver un maravilloso cuadro donde en algún sitio pone algo parecido a “papa pa”, y algo parecido a “akrusa tirozska”, lo cual no es informativo, ya que no entiendes ni “k”, pero no importa, porque lo siguiente, obviamente, es contratar al polaco, ya que está cualificado.

¿A qué viene esto?

Pregunto:

Hola: Tengo un certificado de profesionalidad ADGA40 Administrativo Contable, que fue derogado por su equivalente ADGD0108 Gestión Contable y Gestión Administrativa para Auditoría. Resido en Reino Unido y necesito el Suplemento Europeo para que las empresas entiendan qué pruebas estoy aportando para apoyar mi candidatura. El Suplemento solo menciona que suplementa a ADGD0108 Gestión Contable y Gestión Administrativa para Auditoría, por lo que las empresas no ven relación entre mi certificado y el suplmento. ¿Qué puedo hacer? ¿Puedo pedir algún tipo de certificado que diga que ADGA40 Administrativo Contable es equivalente a ADGD0108 Gestión Contable y Gestión Administrativa para Auditoría? ¿De qué otra forma justifico que el suplemento informa sobre mi certificado aunque no se llamen igual? Gracias por anticipado

Responden:

O certificado de profesionalidade de Administrativo Contable foi derogado polo Real Decreto 1210/2009, do 17 de xullo, na Disposición adicional segunda deste mesmo real decreto establéces que dito certificado é equivalente a todos os efectoa ao Certificado de Profesionalidade de ADGD0108 Xestión contable e xestión administrativa para auditoría. Esa é a normativa que vostede ten que presentar para xustificar dita validacion.

¿De verdad es tan complicado sustituir “ADGD0108 Gestión Contable y Gestión Administrativa para Auditoría” por “ADGD0108 Gestión Contable y Gestión Administrativa para Auditoría/ADGA40 Administrativo Contable“? ¿En serio?
El resto de las varias páginas en inglés se puede quedar como está, no hace falta retocarlo. Es solo el título, y solo el que está en español. Me cuesta creer que sea tan hipersuper-difícil… Aunque, claro, estamos ante el ministerio que:

– Mire, que su formulario tiene un campo obligatorio que no es acorde con la realidad de los residentes en el extranjero, ¿qué vía seguimos entonces para acceder?
– Para obtener su certificado digital blablablabla

Ahhhh… ¡muchas gracias! Ya me parecía que había seguido el proceso correctamente bastante antes de contactar con ustedes, más que nada porque he usado mi certificado en otras ocasiones, pero gracias por la información, majetes. Y volviendo al tema, de esto del campo obligatorio imposible, ¿se sabe algo?

Los efectos secundarios de la teína a las 6: yo no nací, a mí me fabricaron.


Conclusiones lógicas de ayer por la tarde:

La burocracia llega con sus exigencias. Calzada en un tipo que hasta parece majo, hace un esfuerzo por controlar su natural aire de superioridad, para no incomodarte, y entonces, con la voz del tipo majo te dice: “partida de nacimiento, por favor“. Tú, que ya conoces el percal y sabes que te piden cosas innecesarias, inexistentes, o absurdas, vas preparadísimo para cualquier acontecimiento, y sin dudarlo respondes solemnemente: “yo no nací“. Extiendes un brazo desenfadado y con un dedo apuntas a tu propia muñeca “lea el chip“. La burocracia, encarnada en un tipo majo, vacila. “Ah“, añades, “¿qué no tienen lectores? ¡¿Pero qué clase de país es este donde no han desarrollado esta tecnología?!“, exclamas horrorizado ante el sacrilegio científico-tecnológico. “¡¡Ustedes, que se consideran un país avanzado!! ¡¡Qué vergüenza!!” Te enfadas mucho con el universo y le espetas a la burocracia “¿De verdad no pueden leer un código de barras?“.

De cómo los ingleses nos hacen la vida imposible y de cómo, degustando sus preciadas y emblématicas infusiones, solucionamos los problemas del modo más simple. O de las chorradas que soltamos tomando el té en casa de Andrea.

Recuerdo de la Semana Internacional del Libro (Septiembre 2011)


Hoy Julián me recordó el llamado del año pasado con motivo de la Semana Internacional del libro, consistía en copiar la 5ª línea de la página 56 del libro más cercano. No recuerdo qué era lo que yo tenía cerca, creo que un libro de ayuda a los profesores de inglés para extranjeros. El libro llegó a mí a través de Paul y Louise, con quienes estábamos llevando a cabo un intercambio lingüístico. El hermano de Paul da clase de inglés en Londres y le pareció que el librito podía interesarnos. No fue de mucha utilidad, más allá de ciertas curiosidades lingüísticas y alguna que otra mentira asentada entre los nativos dedicados a la enseñanza de la lengua inglesa. Leer más…

Mónica


Allá por el mes de Abril, me dio por esribir esta parrafada pensando en Mónica, que se pone a organizar eventos y no se le escapa ni el más mínimo detalle. Y yo, sabiéndolo, voy y le cuento mis problemas para asistir a la celebración de su boda, por si no tenía ya bastante en qué pensar… Leer más…

19 Abril 2012 Yo iba en uno de esos trenes


Como mencioné anteriormente, yo iba en uno de los trenes de la “disruption” del 19 de Abril en Londres. Los noticieros no se hicieron eco, pero gran cantidad de gente vio afectados sus viajes, incluyendo estudiantes y trabajadores. En mi vagón iban personas que llegado cierto punto, no podían garantizar a sus jefes que fuesen a llegar al trabajo en algún momento, aunque en general, la gente estaba volviendo a casa. El ser humano necesita tener un control de su vida, y no saber nada, es lo que más nos inquieta en una sitiación crítica. Empiezas con una llamada para avisar de que el tren se ha parado, que quizá llegues con retraso, y terminas recibiendo llamadas cada quince minutos para ver si ya sabes algo al respecto. [Esto de las llamadas, la gente normal… yo no].

Algo que no mencioné fue el extraño estado de inutilidad que había adoptado mi Kindle. Mientras hacía tiempo en la Ecovillage en el Science Park de Kent, el Kindle se atragantó. Iba a pasar la página y… no se puede. Intenté reiniciarlo, pero se quedó con la lucecita verde encendida y atascado en la página, ni se apagaba ni funcionaba. Así que todo ese rato que pude haber invertido en leer, lo tuve que dedicar a pasmotear, incluidas las 3 horas extra de viaje…

Me subí al tren a las 17:30, hora en la que el rayo desgraciado cae donde no debe (según algunas fuentes, otras dicen que fue a las 18:.00)

Y tuvimos una primera parada en alguna de las estaciones intermedias, pero próxima a Victoria, mi primer destino. En la segunda parada, más larga que la primera, vimos irse al tren vecino, que al darle salida a ellos, nos dieron ánimos a nosotros… pero nuestro turno no llegaba nunca… y cuando llegó, no fue definitivo, nos detuvieron otra vez en la siguiente estación.

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Día de entrevista que jamás olvidaré… o sí.


No era Martes ni Viernes, y tampoco era 13. Era Jueves, 19 de Abril, y ni siquiera de 2013.

Me habían contactado vía email para una entrevista ese día en el condado de Kent. En su Parque Científico, aislado de la civilización por una “carretera” muy al estilo gallego, que se llaman así porque en la receta llevan asfalto, mientras que los “caminos” son más naturales.

Así que allá me fui. Hice uso de mi primer ticket “plusbus”, al que puedes optar al reservar tus billetes de tren, para llegar a la estación, donde vi que tenía que acelerar el ritmo si no quería perder el primer tren. Luego descurbí que el reloj digital que tienen en el panel de salidas y llegadas, estaba adelantado. Sí, es ese reloj que cuando vas con el tiempo justo parece un contador de amenazas, una por segundo.

Llegué a Victoria y cogí el siguiente tren sin incidencias, llegando a Sittingbourne como estaba previsto, con tiempo y relajada.

Después de recuperarme de las ganas de mear y de, al fin, haber encontrado un sitio donde tomar un café, me llegó la hora de mover el culo otra vez. Me acerqué a la parada del bus más razonable y pregunté si ese era el sentido de circulación correcto para viajar hacia el Science Park. Que seguramente sí, me dicen, llenos de dudas. Pido más opiniones…

-Excuse me… -individua que me ignora. No, no voy a dejarla escapar – Please, do you live here?

-No. -Así de rotundo. Sin más. Esto en UK es casi como “-hola, ¿qué tal? / -Que te follen”. Se arrepintió, se dio la vuelta y me preguntó que qué quería. Y sí, la amable mujer también suponía que esa era la parada correcta, pero no lo sabía.

Es difícil pensar en alguna razón que explique porqué las gentes de un sitio tan pequeño no tienen ni idea de donde para el bus, pero si ocurre, es porque las hay.

Me planto en la parada y llega mi bus, con ligero adelanto, según mi humilde, y erróneo, entender. Descarga un montón de ancianos, y cuando voy a subirme, toda llena de razón, me dice que está fuera de servicio. ¿Ein? Me inclino para revisar el panel lateral, si acabo de ver que tiene todas las indicaciones normales… ah, sí, ahora ya está fuera de servicio, ya veo…

Le pregunto por mi bus, que tenía que llegar en escasos minutos; me dice que ese es sí mismo y que ha terminado la ruta. Insisto. Me dice que en ese caso tiene que ser en la otra parada. ¿Qué otra parada? ¿hay más paradas? Sí, al otro lado de la manzana, que no de la calle; no era cuestión de cruzar. Me empiezo a desesperar. El bus tiene que llegar en cuestión de minutos, si es que no estamos ya en la amenaza de los segundos, y no tengo pajotera idea de dónde está la parada. El siguiente bus que me puede dejar en el Parque llegaría en tres horas y media, no tengo tanto tiempo. De alguna manera, el hombre se da cuenta de que muy probablemente uno de los buses parados delante de la estación de trenes sea el mío y me dice: ve corriendo a preguntarles a esos, que tienen que ser los que buscas.

Y así hice, y el semáforo se puso en rojo para mí, pero como el señor conductor era comprensivo, retuvo el tráfico unos segundos para que yo pudiese cruzar.

Al otro lado de la calle, se me escapan dos autobuses. Voy a la ventana del conductor toda apurada, mierda, que es por el otro lado, que no aprendemos. El tío está sentado en un asiento cualquiera y de palique con otro señor. Knock-Knock en el cristal de la ventana. El tío se vuelve, pero ahí está todo cerrado, vocalizo con mi super inglix para pedirle que me deje preguntarle. Abre la puerta para atenderme, y tenemos otra vez el lío. Encima lo tenemos consultando con el otro señor en plan “no, yo no voy a… ¿tengo que ir a Bredgar? No, ¿verdad?”.

No me gusta. No me gusta que nadie sepa nada. Al final, nos entendimos y sí que eran, así que me hicieron subir, pagar más de lo que me cuesta cualquier bus en Brighton, y allá nos fuimos, a la parada famosa que yo no sabía dónde estaba. Creo que hice un cacho de viaje que no era para pasajeros. Leer más…

La compra y las bolsas de la compra.


Acabo de volver del ASDA. Fui como cualquier día, a hacer una compra pequeña, básicamente el pan… y voví con una compra pequeña, pero traje más que pan. Es el efecto ASDA. Pero no era de eso de lo que iba a hablar.

Cuando llegué a la caja, me atendió un señor que yo ya había visto allí, pero no sé si me había atendido previamente. Fue una experiencia extraña, porque si bien no me preguntó si necesitaba bolsas o si estaba agusto empaquetando mis cosas, tuvo la diligencia de observar que me venía bien una bolsa, y la gentileza de meter mis congelados en otra antes de hacémelos llegar. Estas acciones que parecen de lo más normales, no lo son.

En España ni se interesan por tu existencia ni les preocupa si ya has retirado tus artículos. Sacan las bolsas al mogollón y las dejan por ahí, a la mano de cualquiera. Y empiezan a pasar los artículos del siguiente cliente cuando el anterior aún está acabando de pagar. Aquí no. Eso requiere muchas habilidades que no se le pueden pedir a alguien de esta categoría profesional, que si las tiene es genial, pero no se les pueden pedir. Entonces, están obligados a respetar el tiempo del cliente. En unos sitios más que en otros. Me estoy acordando de una de mis amigas del Lidl, que vaya arte que tiene lanzando los separadores de la cinta transportadora, a veces es un riesgo físico para los clientes.

Respecto a lo de que el señor cajero del ASDA no me preguntó si estaba agusto empaquetando mis cosas, estrictamente se está saltando el protocolo. A mí me la refanfinfla, es más, a veces llega a ser absurdo. Con la mochila dispuesta para empezar a meter cosas, y no más de 4 ó 5 bultos que caben de sobra aún por más mal que uno calcule el espacio, y el cajero de turno te dice que si necesitas bolsas.

Lo de si necesito ayuda para meter las cosas, vale, pudiera ser. ¿Pero bolsas? Lo de las bolsas dímelo si no he sacado la mochila y no sabes que la traigo para eso, dímelo si tengo un montón de cosas y no tienes claro que me vayan a caber o si serán demasiado peso para llevarlas todas juntas en el mismo saco, dímelo si hay algo que pueda pringar, chorrear o contagiar… no sé. Pero claro, es el protocolo, o política de la empresa. Así que ellos te preguntan. Que si quieres bolsas, te dicen. Y lo preguntan incluso cuando llevas un carro lleno y ninguna otra bolsa en las manos, cuando es obvio que ¡Joder! ¡Claro que quiero! Vale, aún así entendemos que te pregunten, porque si son avispados, esa es la ocasión para referirse a las bolsas de pago, y no a las gratuitas. Y entonces te dicen que si te apañas con el packing. Sí, me apaño, pero cierto es que podía ser que no.

Pues este señor no preguntó, así que se portó mal. ¡Pero estaba atento! Cuando vio que yo cogía las barras de pan, que las partía en dos y las ponía a un lado, sacó una bolsica y me la plantó allí encima con una sonrisa y sugirió que igual me hacía falta. Sí, me vino bien. Y al cabo, me mete, sin protocolos ni rituales, los congelados en otra bolsica. Qué calidad de atención, sin dar la vara y haciendo todo lo necesario. Que me pongan medio montón de señores de estos, y que me quiten a las cotorras, que preguntan por inercia, y ni se dan cuenta de si respondes o no; si es que no se tiran el rato de palique y, al final, ni te atienden a ti ni terminan con el que tienes delante.

Después de pagar, me dio una ficha verde. Y esto sí que ya era una cosa muy rara.

Resulta que están haciendo una campaña de Charities que a mí me parece una competición. Por cada compra que haces, te dan una ficha y tienes que meterla en la urna de una Charity, a elegir entre tres. Todas de ayudas a niños de una u otra forma. No sé de qué va cada una, puse mi ficha en la urna de la Charity que se tomaba más molestias en informarme, osea, la que tenía más texto en el cartelito… la que tenía algún texo más que “¡¡Nosotros!!” y “¡Que vivan estas criaturas!“.

No me detuve a mirarlas más, porque no iba a conseguir más información. Al llegar a casa traté de buscar algo respecto a esta campaña de no sé bien qué y no la hallé, así que no acabo de ver de qué va el asunto.

Puede ser una manera de crear un hábito en la gente, o el modo en que los clientes de ASDA decidirán a quién hará ASDA el próximo donativo, o cuál va a ser la Charity estrella en el centro comercial en la campaña de primavera, o la de verano.

Sea como sea, me gusta que me pregunten, pero no acabo de ver claro lo de no tener a nadie para explicarme el asunto.

Estreno blog


Mentiría si dijese que este es mi primer blog, incluso si matizase que es mi primer blog propio.

En su momento, y antes de la magia de las redes sociales, traté de conseguir un blog familiar donde mi dispersa familia pudiese mantenerse en contacto fácilmente, y así mismo, otro para facilitar la comunicación entre las amigas a las que ya no podía ver asiduamente. Mi dispersa familia no mostró interés alguno en dar uso a la herramienta. Mis amigas, en cambio, reaccionaron de maneras diversas: unas no se interesaron en absoluto; otras estaban abiertas a participar con comentarios, pero no a crear entradas; y una en particular, pretendió subirse al carro con todas sus consecuencias, pero tras unas cuantas torpezas informáticas, desistió pensando que eso no era para ella. A día de hoy, le resultaría mucho más fácil compartir conmigo un blog.

Así me vi con dos blogs que a nadie le importaban. Para escribir yo sola, ya tenía “el otro”, el que MiTH había decidido compartir conmigo… o dejarse contaminar, según se mire. Lo había creado para sí antes de que nuestros caminos se cruzasen, y al notar mi necesidad de verborrear, decidió darme privilegios para que yo también participase de él.

Muchas veces me preguntaron que porqué no tenía mi propio blog. Bueno, no veía problema alguno en compartirlo con MiTH, ¿acaso iba yo a ser constante en un blog propio? La ventaja de compartirlo es que siempre hay alguien que actualiza.

El viejo blog se quedó en un disco duro residente en Ávila, mientras que  nosotros dejamos España y nos asentamos en Reino Unido. Para la ocasión, MiTH creó un nuevo blog, compartido conmigo y con Adema, que se mudaba al mismo tiempo que nosotros. Este blog pretendía servir de ayuda a otros Spaniards que aterrizasen en otros países, particularmente en Reino Unido, que, al ser nuestro caso, conoceríamos mejor. Dado que no hemos trabajado en ello como es preciso si se quiere un blog consejero, dediqué unas líneas a mis impresiones de tales o cuales cosas, y finalmente de cualquier acontecimiento de mi entorno. Nunca me encontré del todo cómoda, porque sentía que con esas anécdotas se desvirtuaba la razón original de la existencia del dicho blog.

Hoy, me rehago por fin, sin temor a crear discrepancias que dañen la continuidad de un blog que, o no es mío, o tiene información que puede interesar a quien abandona su Mundohogar. Hoy, me presento una vez más al blogverso, pero esta vez, y quizá sin pelos en la tecla, amenazo con arrojar aún más morralla -dejo la chicha para “los que saben”-.

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